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Análisis Artístico

Silencios que hablan: los bocetos abandonados y las figuras femeninas que Remedios Varo eligió no terminar

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Silencios que hablan: los bocetos abandonados y las figuras femeninas que Remedios Varo eligió no terminar

Hay una paradoja fascinante en el estudio de cualquier gran artista: lo que no creó puede resultar tan revelador como lo que sí dejó para la posteridad. En el caso de Remedios Varo —pintora surrealista de origen español cuya vida y obra transcurrieron entre Europa y México— esta verdad adquiere una dimensión casi filosófica. Sus cuadernos de bocetos, sus apuntes preliminares y los testimonios de quienes la conocieron de cerca apuntan a la existencia de un conjunto de figuras femeninas que, por razones diversas, nunca alcanzaron la forma definitiva del óleo sobre tela. Son, en cierto sentido, las mujeres que Varo no pudo —o no quiso— pintar.

El archivo de lo inacabado

Los investigadores que han tenido acceso a los materiales de archivo conservados en México, así como a los fondos documentales dispersos entre colecciones privadas europeas, han identificado una serie de estudios preparatorios que muestran figuras femeninas en distintos estadios de elaboración. Algunas apenas esbozan una silueta; otras presentan rasgos faciales trabajados con detalle pero cuerpos que se disuelven en líneas vacilantes. Lo llamativo es que estas figuras no corresponden a obras conocidas: no son estudios previos de Bordando el manto terrestre ni aproximaciones a las sacerdotisas de Naturaleza muerta resucitando. Son entidades autónomas que, por algún motivo, quedaron suspendidas en el umbral entre la imaginación y la realidad pictórica.

Esta categoría de lo inacabado no es exclusiva de Varo, desde luego. Pero en su caso cobra una significación particular porque la artista era conocida por su extraordinaria meticulosidad. Quienes compartieron taller con ella en México recordaban su tendencia a trabajar durante semanas sobre un mismo cuadro, ajustando detalles que al ojo no entrenado resultaban imperceptibles. Que alguien tan exigente dejara figuras a medias no puede atribuirse a simple descuido.

La mujer que no cabe en el símbolo

Una de las hipótesis más sugerentes que plantean los estudiosos de su obra tiene que ver con las limitaciones del propio lenguaje surrealista. Varo construyó un vocabulario pictórico muy preciso: sus personajes femeninos suelen ser exploradores, alquimistas, tejedoras de destinos, viajeras en vehículos imposibles. Son figuras que encarnan procesos, que hacen cosas. Pero, ¿qué ocurre cuando la artista intenta representar una experiencia que no se deja reducir a ningún proceso? ¿Qué forma adopta el dolor sin narrativa, el miedo sin objeto, la identidad que no sabe todavía lo que es?

Algunos de los bocetos abandonados parecen ser intentos de responder a estas preguntas. Hay figuras que no realizan ninguna acción reconocible, que simplemente están, sin los atributos simbólicos habituales en la obra de Varo. Es posible que la artista encontrara estas representaciones insatisfactorias precisamente porque resistían su sistema de significados. En un universo pictórico tan codificado como el suyo, una figura sin función simbólica resulta casi una anomalía estructural.

El miedo al autorretrato demasiado desnudo

Otra línea interpretativa apunta hacia la dimensión autobiográfica. Varo fue una artista que volcó en sus cuadros sus experiencias más íntimas —el exilio, la búsqueda espiritual, las relaciones amorosas, el terror de la guerra— pero siempre mediadas por la distancia que otorga el símbolo. La alquimia, la geometría sagrada y el hermetismo funcionaban en su obra como filtros que permitían hablar de lo personal sin exponerse del todo.

Es plausible que algunos de los bocetos descartados fueran tentativas de reducir esa distancia, de pintar algo demasiado cercano a la experiencia sin elaborar. Existen testimonios de la propia Varo —recogidos en la correspondencia que mantuvo con amigos íntimos— en los que menciona su incomodidad ante ciertos estados emocionales que consideraba «demasiado crudos» para traducirse directamente en imágenes. Los «anti-retratos», como los ha denominado alguna crítica especializada, serían precisamente esos intentos fallidos de representar lo que todavía no había encontrado su forma simbólica adecuada.

La figura femenina como territorio en disputa

No puede ignorarse, tampoco, el contexto más amplio en el que Varo desarrolló su obra. Como mujer dentro del movimiento surrealista —un movimiento que, pese a su retórica liberadora, tendía a instrumentalizar el cuerpo femenino como objeto de proyección masculina—, Varo tuvo que negociar permanentemente su posición. Sus figuras femeninas activas y dotadas de agencia fueron, en parte, una respuesta consciente a ese contexto. Pero esa respuesta tenía un coste: implicaba cierta autocensura sobre las representaciones de feminidad que no encajaban con la imagen de mujer autónoma y sabia que ella misma estaba construyendo.

En este sentido, las figuras abandonadas podrían ser también las víctimas de esa negociación. Representaciones de vulnerabilidad, de dependencia, de confusión —estados perfectamente humanos— que la artista descartó porque contradecían el discurso visual que había elegido sostener. No se trataría, en tal caso, de una represión inconsciente, sino de una decisión estética y política tomada con plena conciencia.

Lo que el vacío enseña

Estudiar los bocetos abandonados de Remedios Varo exige un tipo especial de atención crítica: la capacidad de leer la ausencia, de interpretar el silencio como lenguaje. Esta aproximación metodológica, que la crítica feminista ha desarrollado con particular agudeza en las últimas décadas, resulta especialmente pertinente en su caso. Porque si la obra terminada de Varo nos habla de un universo ordenado por la búsqueda espiritual y el conocimiento hermético, los bocetos inconclusos nos hablan de los bordes de ese universo: de lo que quedó fuera, de lo que no encontró acomodo en el gran sistema simbólico que ella construyó.

Esos márgenes no son menos importantes que el centro. En ellos vive una Remedios Varo más vulnerable, más contradictoria y, en última instancia, más humana que la figura mítica que ha llegado hasta nosotros. Las mujeres que nunca pudo pintar son, paradójicamente, algunas de las más reales.

Una herencia abierta

La fortuna crítica de Remedios Varo ha crecido de manera notable en las últimas décadas, especialmente en el ámbito hispanohablante, donde su obra ha sido reivindicada como uno de los grandes legados del surrealismo en lengua española. Pero para que esa reivindicación sea completa y honesta, debe incluir también el estudio de sus zonas de sombra: los proyectos que no prosperaron, las figuras que no encontraron su forma, los silencios que la artista eligió guardar.

En esos silencios no hay fracaso, sino complejidad. Y la complejidad, en el arte como en la vida, es siempre una señal de verdad.

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