Remedios Varo All articles
Análisis Artístico

El hexagrama y el pincel: cómo la sabiduría oriental reconfiguró el cosmos simbólico de Remedios Varo

Remedios Varo
El hexagrama y el pincel: cómo la sabiduría oriental reconfiguró el cosmos simbólico de Remedios Varo

En el imaginario de Remedios Varo conviven, con una naturalidad casi orgánica, los alambiques medievales y los círculos de meditación zen, las torres herméticas y los flujos invisibles del qi, los personajes encapuchados de tradición europea y las figuras etéreas que parecen deslizarse sobre el vacío fecundo que el taoísmo denomina wu. Esta coexistencia no es fruto del azar ni del capricho decorativo: es el resultado de una búsqueda espiritual y filosófica que Varo cultivó con la misma disciplina con la que preparaba sus pigmentos y construía sus composiciones. Para comprender la dimensión verdaderamente universal de su obra, resulta imprescindible adentrarse en la influencia que las tradiciones orientales ejercieron sobre su pensamiento y su práctica artística.

Un espíritu viajero sin fronteras geográficas

Remedios Varo nunca viajó a Asia, y sin embargo Asia llegó hasta ella. Durante sus años de exilio en México, la artista frecuentó círculos intelectuales y espirituales de extraordinaria diversidad, donde las filosofías orientales circulaban con fluidez entre teósofos, antropósofos y lectores de Gurdjieff. La Ciudad de México de mediados del siglo XX era un hervidero de corrientes de pensamiento que confluían desde todos los puntos cardinales, y Varo, curiosa e insaciable, absorbió con avidez aquellas enseñanzas que le permitían articular su propia visión del cosmos.

Fue en este contexto donde se acercó al I Ching o Libro de las Mutaciones, el antiquísimo sistema adivinatorio y filosófico chino que concibe el universo como un flujo perpetuo de transformaciones. La consulta de sus hexagramas no era, para Varo, un mero ejercicio de cartomancia: representaba una forma de dialogar con las fuerzas que subyacen a la realidad visible, de acceder a ese sustrato invisible que ella intentaba hacer tangible en sus lienzos. El I Ching le ofrecía una gramática del cambio, un mapa de las transiciones entre estados del ser que resonaba profundamente con su obsesión por los umbrales, los tránsitos y las metamorfosis.

El Tao como estructura invisible del cuadro

La influencia del taoísmo en la obra de Varo se manifiesta de maneras que, a primera vista, pueden pasar desapercibidas, pero que revelan una coherencia filosófica notable cuando se las examina con atención. El concepto taoísta de wu wei, la acción sin esfuerzo o el fluir en armonía con el orden natural de las cosas, encuentra su correlato visual en la manera en que los personajes de sus cuadros se desplazan: no conquistan el espacio sino que lo habitan, no luchan contra las corrientes invisibles sino que las cabalgan con una gracia que roza lo sobrenatural.

En obras como Exploración de las fuentes del río Orinoco o Naturaleza muerta resucitando, la energía fluye a través de los objetos y los cuerpos de un modo que evoca el qi de la tradición china: una fuerza vital que no pertenece a ningún elemento en particular sino que los atraviesa a todos, manteniéndolos en una danza de interdependencia. Los espirales, los vórtices y las corrientes que proliferan en sus composiciones pueden leerse como visualizaciones de este principio energético que el pensamiento oriental lleva milenios intentando describir.

Budismo, vacío y plenitud

Otra dimensión de la influencia oriental en la obra de Varo proviene del pensamiento budista, y en particular del concepto de śūnyatā o vacuidad. Lejos de interpretarse como ausencia o nihilismo, la vacuidad budista designa la naturaleza interconectada y carente de esencia fija de todos los fenómenos: todo existe en relación, nada subsiste por sí mismo. Esta concepción resuena con fuerza en la manera en que Varo construye sus escenas, donde los límites entre lo animado y lo inanimado, entre el interior y el exterior, entre el soñador y el sueño, se disuelven constantemente.

Los personajes de Varo rara vez poseen una identidad estable y delimitada. Sus rostros son frecuentemente andróginos o intercambiables, sus cuerpos se funden con los tejidos que los envuelven o con los objetos que manipulan. Esta fluidez identitaria no es únicamente una herramienta surrealista para subvertir el yo burgués, sino también una intuición profundamente budista sobre la naturaleza ilusoria del ego individual. Varo pintaba, en cierto modo, la impermanencia: ese flujo incesante en el que nada permanece igual de un instante al siguiente.

El hexagrama como arquitectura oculta

Algunos estudiosos de la obra de Varo han señalado la presencia de estructuras compositivas que parecen inspiradas en los hexagramas del I Ching: esas figuras de seis líneas, continuas o discontinuas, que en el sistema adivinatorio chino codifican los estados y las transiciones del universo. La organización en capas o estratos que caracteriza muchos de sus cuadros, la alternancia entre elementos plenos y espacios vacíos, la tensión entre lo fijo y lo móvil, pueden interpretarse como traducciones visuales de la lógica binaria que subyace al sistema de los hexagramas.

Esta hipótesis no implica necesariamente que Varo construyera sus composiciones siguiendo un esquema hexagramático consciente y sistemático, sino algo más sutil y quizás más interesante: que la filosofía del I Ching había penetrado tan profundamente en su manera de percibir y organizar la realidad que afloraba de forma natural en sus decisiones compositivas, como una gramática interiorizada que opera por debajo del umbral de la intención explícita.

Un Oriente imaginado, un diálogo real

Es importante señalar que la relación de Varo con las tradiciones orientales no estuvo exenta de la mediación occidental que era inevitable en su contexto histórico y geográfico. Su acceso al I Ching, al taoísmo y al budismo se produjo principalmente a través de traducciones, comentarios y reinterpretaciones elaboradas en Europa y América, lo que implica que el Oriente que habitó su imaginación fue necesariamente un Oriente filtrado y transformado.

Lejos de constituir una limitación, esta circunstancia hace aún más fascinante el resultado: Varo no reprodujo ni ilustró las filosofías orientales, sino que las reelaboró creativamente, las hibridó con el hermetismo occidental, la alquimia medieval y el surrealismo europeo para producir algo genuinamente nuevo. Su obra es, en este sentido, un testimonio extraordinario de lo que ocurre cuando las grandes corrientes del pensamiento humano se encuentran en una mente porosa, generosa y radicalmente abierta.

Legado de una síntesis imposible

El diálogo que Remedios Varo estableció entre Oriente y Occidente en sus lienzos sigue siendo, décadas después de su muerte, una invitación abierta a repensar los límites de las tradiciones artísticas y filosóficas. En un momento en que la cultura global busca nuevas formas de integrar sabidurías diversas sin caer en el sincretismo superficial, la obra de Varo ofrece un modelo de profundidad y rigor: el de quien no toma prestado un símbolo para decorar su discurso, sino que lo incorpora a su visión del mundo hasta que se vuelve inseparable de ella.

Contempler sus cuadros sabiendo que en ellos late, junto al corazón del surrealismo europeo, el pulso silencioso del Tao y la sabiduría de los hexagramas, es descubrir una nueva capa de significado en una obra que, como el universo que pretende retratar, parece inagotable.

All Articles

Related Articles

Pintar desde el umbral: las técnicas al óleo de Remedios Varo y su traducción al taller contemporáneo

Pintar desde el umbral: las técnicas al óleo de Remedios Varo y su traducción al taller contemporáneo

Puertas cerradas, mundos abiertos: el espacio doméstico como mapa del alma en la obra de Remedios Varo

Puertas cerradas, mundos abiertos: el espacio doméstico como mapa del alma en la obra de Remedios Varo

Engranajes del inconsciente: la visión mecánico-fantástica de Remedios Varo y su eco en la estética del siglo XXI

Engranajes del inconsciente: la visión mecánico-fantástica de Remedios Varo y su eco en la estética del siglo XXI