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Análisis Artístico

Cuando la ciencia se vuelve sueño: el universo físico y poético de Remedios Varo

Remedios Varo
Cuando la ciencia se vuelve sueño: el universo físico y poético de Remedios Varo

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Hay pintores que retratan el mundo tal como es. Hay otros que lo retratan tal como debería ser. Y luego está Remedios Varo, quien lo pintó tal como podría ser si las leyes del universo obedecieran a la imaginación en lugar de a la física newtoniana. Sus obras no son meros ejercicios de fantasía: son proposiciones filosóficas formuladas en pigmento y temple, donde la ciencia actúa como punto de partida para una reflexión más honda sobre la condición humana.

Nacida en Anglès, Girona, en 1908, Varo creció rodeada de planos de ingeniería y manuales técnicos —su padre era ingeniero hidráulico—, y esa educación temprana en el lenguaje de los mecanismos dejó una huella imborrable en su imaginario. Sin embargo, lejos de reproducir la frialdad del dibujo técnico, la artista lo alquimizó en algo radicalmente distinto: un lenguaje visual donde la precisión mecánica sirve de andamiaje a lo imposible.

El engranaje como metáfora del destino

Una de las imágenes más recurrentes en la obra de Varo es el engranaje. Ruedas dentadas que encajan unas con otras, mecanismos que se extienden más allá de los límites del cuadro, maquinarias cuyo propósito nunca termina de revelarse del todo. En Naturaleza muerta resucitando (1963), los objetos cotidianos parecen animados por fuerzas invisibles que los elevan hacia una existencia superior. La mecánica no oprime aquí: libera.

Esta tensión entre lo mecánico y lo orgánico es central en la poética varoiana. Sus personajes —casi siempre figuras andróginas de rostros alargados y expresión contemplativa— habitan espacios donde la tecnología no ha deshumanizado el mundo, sino que lo ha dotado de una dimensión espiritual desconocida. Los instrumentos científicos se convierten en herramientas de introspección; los laboratorios, en templos del conocimiento interior.

La gravedad invertida y la física del sueño

Si hay una constante en el universo pictórico de Remedios Varo, es la desaparición de la gravedad tal como la entendemos. Sus personajes levitan, sus naves navegan entre estrellas sin propulsión visible, sus arquitecturas se suspenden sobre el vacío con una serenidad que desafía cualquier cálculo estructural. Lejos de ser un capricho estético, esta inversión de las leyes físicas constituye una declaración ideológica.

En Exploración de las fuentes del río Orinoco (1959), una figura solitaria navega en una embarcación que es también un vestido, surcando aguas que fluyen hacia arriba tanto como hacia abajo. La física aquí no es una limitación: es un vocabulario que Varo reescribe a su antojo. La exploración geográfica se convierte en exploración interior; el viaje exterior, en viaje metafísico. La artista parece decirnos que las verdaderas leyes del universo son más flexibles de lo que los libros de texto nos han hecho creer.

Esta subversión tiene también una dimensión política. En una época —la primera mitad del siglo XX— marcada por totalitarismos, guerras y el encorsetamiento de la mujer en roles predefinidos, pintar mundos donde la gravedad no existe equivalía a afirmar que las estructuras de poder tampoco son inevitables. Lo que parece inamovible puede, en realidad, disolverse.

Astronomía, alquimia y el cosmos personal

Varo no se limitó a la mecánica terrestre: su mirada se proyectó siempre hacia el cosmos. La astronomía le proporcionó un repertorio de imágenes —planetas, constelaciones, eclipses, trayectorias celestes— que empleó con una libertad poética que ningún manual científico podría contener. En Creación de las aves (1957), considerada una de sus obras cumbre, una figura de aspecto híbrido —mitad humana, mitad lechuza— pinta pájaros que cobran vida y salen volando del lienzo. La creación artística se equipara aquí a la creación cósmica: el artista es también un demiurgo que da forma a mundos.

La alquimia, por su parte, funcionó en su obra como un puente entre la ciencia medieval y la espiritualidad moderna. Los procesos de transmutación —convertir lo vulgar en precioso, lo denso en sutil— resonaban profundamente con su propia experiencia vital: ella misma había debido transformar el dolor del exilio y la marginalización en belleza pictórica. Sus laboratorios alquímicos son, en este sentido, autobiografías cifradas.

Ciencia ficción visual como crítica social

Hay críticos que han señalado que Varo inventó, avant la lettre, un género que podría llamarse ciencia ficción pictórica. Sus mundos obedecen a reglas internas coherentes —tienen su propia física, su propia biología, su propia cosmología— pero esas reglas son radicalmente distintas a las del mundo ordinario. Esta coherencia interna es lo que distingue su obra del capricho arbitrario: no se trata de pintar lo absurdo, sino de imaginar sistemas alternativos de realidad.

En Bordando el manto terrestre (1961), uno de sus trípticos más célebres, figuras recluidas en una torre tejen sin cesar un tapiz que se desborda por las ventanas y cubre el mundo exterior. La imagen es simultáneamente una crítica al trabajo alienado, una reflexión sobre el rol de la mujer en la sociedad y una meditación sobre la relación entre el arte y la realidad. La ciencia —el tejido como proceso sistemático y repetitivo— se convierte en metáfora de la opresión, pero también, en los márgenes del cuadro, de la posible rebelión.

El legado de una visionaria

Decenios después de su muerte en 1963, la obra de Remedios Varo continúa interpelando a científicos, filósofos y artistas por igual. Su capacidad para tender puentes entre disciplinas que el pensamiento moderno ha separado artificialmente —ciencia y espiritualidad, razón e intuición, física y metafísica— la convierte en una figura de una modernidad sorprendente.

En un mundo que cada vez se fragmenta más en especialidades incomunicadas, la propuesta varoiana de una visión totalizadora —donde el conocimiento científico y la experiencia poética se iluminan mutuamente— resulta no solo vigente, sino urgente. Sus laberintos oníricos no son escapismos: son mapas de una realidad más compleja y más rica que la que solemos habitar. Y en ese sentido, Remedios Varo sigue siendo, hoy más que nunca, una guía imprescindible.

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